English transcript below

Carla: Estás escuchando “Living decoloniality / Viviendo la Decolonialidad”, experiencias prácticas de reexistencia decolonial a través de la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria, un podcast de Carla Vitantonio.

Bienvenidas y bienvenidos a un nuevo episodio de “Living decoloniality / Viviendo la Decolonialidad”.

Yo soy Carla Vitantonio y hoy escucharemos la voz de Gabriela Villacis Izquierdo. Gabriela nos habla desde Holanda donde se encuentra haciendo su doctorado.

Bienvenida Gabriela, ¿quieres presentarte a nuestro público?

Gabriela: Creo que sí Carla, y si me permites hacer un apunte sobre la posicionalidad, porque para mí es una práctica constante, que permite que nuestras identidades móviles se sometan a una constante reflexividad, por ejemplo frente a lo que investigo, con quienes investigo, el espacio que investigo.

Y con esto quiero decir que no concibo la posicionalidad como una mera descripción de identidades que potencialmente van a reforzar mis privilegios. O me ayude  a ser una autoridad entre comillas en un campo determinado. Ya que eso sería despolitizarme y despolitizar a la posicionalidad.

Entonces con esta premisa comparto lo que yo considero es mi posicionalidad en este momento. Soy una mujer ecuatoriana, radicada temporalmente en Países Bajos. Antes mi hogar fue Bogotá, Colombia, donde viví casi seis años.

Soy feminista, pero no soy una feminista necesariamente teórica o académica. Pues eso lo he aprendido mucho más en los últimos cinco años de mi vida. Soy feminista por convicción, porque pude identificar las violencias patriarcales y misóginas en mi propio entorno, mi propio hogar, en muy temprana edad. Mi feminismo es un feminismo de barrio, que uniría a Mikki Kendall. O un feminismo de lo cotidiano, esa lucha de resistencia del día a día.

En cuanto a mi trayectoria, la veo como dividida entre dos mundos. Pues ahora si se quiere, me considero una académica, soy docente, soy investigadora muy joven en el campo, no por la edad en sí, sino porque entré muy tarde quizás. Y con una experiencia profesional acumulada que no es académica, en Ecuador y Colombia, en donde trabajé en los sectores gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil.

Hoy en día, mi actividad principal es la academia, porque estoy casi finalizando mis estudios de doctorado en estudios humanitarios, desde las miradas y los enfoques feministas. Y mi estudio se centra en el contexto de Colombia. Miro el mundo desde la experiencia encarnada de ser una mujer racializada de la Abya Yala. Y pues he tenido que sostener la identidad, los saberes, en espacios académicos y profesionales europeos que constantemente nos están cuestionando. Como una persona migrante en Países Bajos, mi experiencia ha sido mixta, he tenido relativos privilegios. Pero también la verdad es que el país no siempre tiene condiciones positivas para las personas migrantes. Entonces siento que constantemente cargo estas violencias epistémicas de mi propio cuerpo, de la necesidad de traducir, de explicar, de justificar que los saberes y los de las personas con las que trabajo en Latinoamérica son válidos.

¿Y por qué estoy hablando en este podcast sobre decolonialidad? Porque en mi día a día me comprometo con la anticolonialidad en los espacios que habito y las decisiones que tomo. Y pues eso para aclarar que no necesariamente soy una académica de la decolonialidad.

Carla: Gabriela, háblanos de algunas de las formas de colonialidad que has encontrado en tu recorrido.

Gabriela: Carla para responder esta pregunta, si me permites quisiera proponer mi análisis de colonialidad identificada desde dos espacios que se intersectan en mi vida. La primera es la Academia Europea donde investigo, donde trabajo. Y el segundo es el sector humanitario en Colombia, que es del campo sobre el cual investigo. Y estas dos esferas no están separadas, las veo como que se alimentan y se reflejan mutuamente.

Entonces, por un lado la colonialidad de la Academia. Hacer investigación feminista sobre los feminismos en Colombia en un espacio académico caracterizado por lo hipermasculino jerárquico colonial y asimétrico, como es los estudios humanitarios. He sentido que mi enfoque ha sido cuestionado, minimizado, relativizado en diferentes espacios académicos, cómo: ¿por qué estás haciendo esto? ¿cuál es la necesidad ahora de hacer investigación feminista en el campo humanitario? Y en efecto, al estar situada en la Academia de Países Bajos, a pesar de que yo creo que todavía mi institución permite espacios críticos para investigadoras del sur global, sí he percibido un cierto distanciamiento sistemático del conocimiento y de los saberes de nuestra región y del sur global.

Yo creo que en sí la Academia tiene un modelo o está promoviendo un modelo que ojo, no solo limitado al contexto europeo, sino de una Academia neoliberal en la cual el éxito académico ahora vamos viendo cómo está medido cuantitativamente a través del dinero que eres capaz de traer, ya sea a través de subvenciones de grants y el número de publicaciones científicas que debes tener, y eso a cualquier costo.

El modelo académico, así como yo lo estoy viendo, ahora está muy extractivista enfocado al hiper individualismo y el beneficio individual, nada más. El segundo aspecto que te decía de la colonialidad identificada en la acción humanitaria como tal, que es el campo en el que investigo y en el que trabajé antes de entrar en la Academia, allí veo que todavía predominan las lógicas del norte global de los donantes. Ello pese a que Colombia es uno de los países con una sólida, pues así relativamente entre entre paréntesis,  institucionalidad y tiene mucha experiencia propia en ese tipo de intervenciones debido a, como todos y todas sabemos, debido a la exposición prolongada a situaciones de crisis a conflicto armado.

Entonces hay una constante despolitización de las personas afectadas por crisis, existen todavía las prácticas paternalistas, por ejemplo, proyectos gestionados por una organización internacional que todavía le van a enseñar a las comunidades como cuidar a sus hijes y teniendo en cuenta que las comunidades han practicado cuidados colectivos por generaciones.

También imposiciones temporales en los ciclos de proyectos pese a los intentos por cambiar esos, seguimos viendo proyectos cortos de tres, seis meses, y máximo un año que son impuestos por las lógicas de los donantes del norte global y rompen en este caso los tiempos de cuidado comunitario que por otro lado requieren largo plazo y sostenibilidad. Entonces hay esta como dicotomía de la eficiencia versus cuidados, el tiempo de cuidar.

Entonces de igual manera como te decía en la Academia, se sigue midiendo la gestión, o si se quiere el éxito, con indicadores meramente cuantitativos en lugar de entender cómo los procesos relacionales y de cuidado mutuo en las comunidades generan otras dinámicas. Creo que así predomina igual que en la Academia, las concepciones neoliberales, patriarcales, que a todas, y creo que nos consta como se ha mercantilizado, privatizado, el cuidado.

Y esto más allá de lo humanitario, ¿no? Muchas otras colegas en el podcast, en otros ámbitos académicos ya nos han dicho como el cuidado se ha vuelto un negocio, y de esta manera dejando vacíos de cuidados sustanciales en las personas que, en las comunidades, como en los privilegios.

Pues así la colonialidad, la veo como problemas estructurales de la cooperación internacional que no se van a solucionar con acuerdos entre los mismos actores que están tomando las decisiones. Así, esta colonialidad identificada que te quería compartir se nutre en estos dos espacios, se nutre la una a la otra, una academia extractivista y una acción humanitaria todavía con una lógica extractivista, el conocimiento y la solución vienen del norte y se aplican en el sur global.

Carla: Y has desarrollado prácticas que puedan proponer alternativas a esas formas de colonialidad?

Gabriela: Carla, esta es mi pregunta favorita y estuve un buen rato pensando cómo articularla de la mejor manera. Entonces quiero proponer mi práctica decolonial desde la ética del cuidado feminista, que es lo que he venido trabajando últimamente, así invitarles a todas a colocar nuevamente al cuidado en el centro de todo lo que hacemos.

Entonces, empiezo por qué es la ética del cuidado como para refrescar un poquito el conocimiento. Es una práctica feminista, es relacional y centra el cuidado como aquella necesidad vital que tenemos todos los seres humanos al contrario de, por ejemplo, estos modelos muy individualistas, de aquello que se hace en el norte global o así occidental, nos recuerda lo que hemos hecho en el sur global por generaciones en relación a cuidados colectivos y recíprocos.

Entonces la ética del cuidado va a ser una respuesta a nociones de individualismo, auto cuidado, e incluso te diría la resiliencia, omitiendo que la resiliencia es muchas veces comprendida como esa responsabilidad de cuidado, mejora, superación de vulnerabilidad, reconstrucción en caso de desastre, es de recuperación en caso de crisis humanitarias, por ejemplo, en las mismas personas que están siendo afectadas.

Yo creo que esto deslinda totalmente a otros actores responsables de su rol, entonces sí creo que también mucho cuidado como concebimos de esto a la resiliencia. Y bueno, ¿qué no es la ética del cuidado? Pues no es una ética moral que nos instruye o nos da lineamiento sobre cómo conducir, sobre cómo tomar decisiones y también quisiera decir que no estoy sugiriendo que la ética del cuidado sea aquella responsabilidad exclusiva de las mujeres, como se ha venido haciendo en las sociedades capitalistas, por ejemplo, en la que el cuidado se ha despolitizado. Más bien, la ética del cuidado se refiere a prácticas más sociales, más colectivas, más recíprocas.

Yo creo que desde el pensamiento decolonial, recentrar el cuidado de forma política, implica una reconfiguración de las relaciones entre los cuerpos, entre la naturaleza, la comunidad, eso sí, sin dejar de lado la naturaleza, ¿no?

Nos supone rechazar la instrumentalización, la mercantilización de los cuidados, recuperando tradiciones ancestrales, de reciprocidad, solidaridad y sostenimiento mutuo. Entonces recentrar el cuidado desde lo decolonial es un acto político que nos permitiría reconstruir vínculos sociales y afectivos. Tampoco la ética de cuidado trata de cuidar a personas ajenas, como por ejemplo, en la ética humanitaria que es donde yo trabajo, es cuidar de aquellas personas distantes, o tampoco implica cuidar a las personas durante emergencias, como por ejemplo ocurrió durante la pandemia del COVID, sino se refiere a los cuidados de lo ordinario, como base de nuestras sociedades. Y aquí si me permites una pequeña anécdota, yo pude ser testigo de primera mano de estas prácticas de cuidado durante mi investigación en Colombia. En situaciones de emergencia, en crisis humanitarias, en conflicto y desastres, la respuesta orgánica de las comunidades es activarse, es responder ante las necesidades que no están siendo atendidas o que están siendo descuidadas por actores institucionales.

Y esto no solo se aplica para la práctica del trabajo humanitario, porque la veo muy relevante cuando también me situo en la académica, a la práctica del cuidado, aplica también a nuestro trabajo de investigación, a nuestra docencia, a lo que estamos haciendo como un tejido relacional que no es extractivo.

Ejemplos concretos de mi práctica en la Academia de Investigación, si se me permite, voy a darte un par de puntos importantes de aquí, Carla. Lo primero, acompañar como cuidado.

Y creo que en español tenemos esta hermosa palabra que suena distinto en inglés, nunca la puedo traducir, acompañar en este caso no es observar ni extraer, es estar, es caminar junto a. Es una estrategia que nos permite hacer político el cuidado como una estrategia.

Otro ejemplo concreto es entender el tiempo como cuidado mediante la construcción de relaciones de investigación significativas y que no sean dañinas para las personas con las que estamos trabajando. Y por ejemplo, muy concretamente en mi investigación siempre promoví o promuevo generación de espacios de diálogo de construcción relacional, que no sean entrevistas, no sean interrogatorios, que sean un encuentro genuino.

Como docente también, creo que la idea de cuidado en el aula, crear la aula como un espacio relacional de donde generemos y promovamos ambientes de enseñanza que no sean autoritarios, así sino más bien colaborativos, donde los conocimientos encarnados son tan importantes como los académicos.

En las comunidades de aprendizaje también que motivan a lo colaborativo y no solo se centran en el desempeño individual, en la competencia entre las estudiantes. Y también hablando de tiempo, creo que una muy difícil es negociar los tiempos académicos, sé que es muy difícil resistir a los tiempos extractivos de la academia, que no permiten el cuidado. Yo sé, eso es muy difícil y también es muy privilegiado poder resistir los tiempos y sentir que puedo resistirme a la productividad, pero creo que también vale la pena preguntarse, ¿producir para quién, a costa de qué?

Entonces en concreto, si trabajas en la academia, propongo cuestionar los tiempos extractivos y negociar cuando se puede, obviamente. Valorar las metodologías relacionales, que también son muy rigurosas. Quizás citar a autoras del sur global, no solo para dar voz porque esto ya está claro, sino porque el trabajo de las autoras del sur global es fundamental.

Y si trabajas en la acción humanitaria, escuchar los tiempos comunitarios que no solo están inscritos en ciclos de proyectos, reconocer que las comunidades ya cuidan, entonces acompañar, no imponer. Y también cuestionar cuando podamos, cuestionar indicadores que invisibilizan lo relacional.

Entonces en este sentido, Carla, creo que lo que te he compartido el día de hoy a través de la posicionalidad, la colonialidad identificada, las prácticas de cuidado decolonial, no están separadas. Son parte de una misma lucha, de sostener saberes, sostener cuerpos y comunidades, en espacios que nos quieren hiper productivas, despolitizadas e individualistas.

Carla: Muchísimas gracias, Gabriela, por hablarnos, ¿algo más que quieras añadir?

Gabriela: Carla, yo sigo creyendo en la posibilidad de construir academia y, porque no, accion humanitaria de otra manera. Y no creo que sea porque soy ingenua o una ingenua optimista, sino es una necesidad política. Y yo creo que es parte de negarse a reproducir lo que nos daña, lo que nos ha venido dañando. Y también me parece que así reconozcamos que las prácticas de cuidado decolonial ya existen, ya están siendo practicadas, han venido siendo practicadas por comunidades que resisten. Entonces, ahí nuestro trabajo viene a ser acompañar, visibilizar y defender esos espacios.

Y para cerrar quisiera decir que en esta perspectiva el cuidado no es lo que falta, sino es lo que el sistema, como tal, insiste en invisibilizar, ¿por qué? Porque no es rentable, porque no es cuantificable y sobre todo, porque es profundamente transformador.

Carla: Otra vez gracias Gabriela, por acompañarme en la aventura de este episodio. A quien nos escucha, recuerdo que mucho material se encuentra en la descripción del podcast, junto con la traducción al inglés de la entrevista. Hasta el próximo episodio.

Has escuchado, Living Decoloniality / Viviendo la Decolonialidad, experiencias prácticas de reexistencia decolonial, a través de la cooperación internacional y la ayuda humanitaria.

Este podcast ha sido grabado tratando de priorizar las ideas y la narrativa de las personas entrevistadas, haciendo un mínimo uso de tecnologías y herramientas poco asequibles. Si te ha gustado, dale like e inscríbete al canal en tu plataforma preferida. Living Decoloniality es un podcast de Carla Vitantonio, desarrollado con el apoyo de Acapacá y del Center for Humanitarian Leadership.

Y gracias a la preciosa colaboración de Matilde Dani, la ilustración es de Eugenio Nittolo.

*****

Carla: You are listening to “Living Decoloniality”, practical experiences of decolonial 

re-existence through development and humanitarian aid, a podcast by Carla Vitantonio.

Welcome to a new episode of “Living decoloniality / Viviendo la Decolonialidad”. I’m Carla Vitantonio, and today we’ll be hearing from Gabriela Villacis Izquierdo. Gabriela is speaking to us from the Netherlands, where she is currently pursuing her PhD.

Welcome, Gabriela. Would you like to introduce yourself to our audience?

Gabriela: I think so, Carla, and if you’ll allow me to make a point about positionality, because for me it’s a constant practice that allows our moving identities to be subject to constant reflexivity, for example in relation to what I research, who I research with, and the space I research.

By this I mean that I do not conceive of positionality as a mere description of identities that will potentially reinforce my privileges. Or help me to be an authority, in quotation marks, in a given field. Because that would be to depoliticise myself and depoliticise positionality.

So, with this premise, I share what I consider to be my positionality at this moment. I am an Ecuadorian woman, temporarily based in the Netherlands. Before that, my home was Bogotá, Colombia, where I lived for almost six years.

I am a feminist, but I am not necessarily a theoretical or academic feminist. I have learned much more about that in the last five years of my life. I am a feminist by conviction, because I was able to identify patriarchal and misogynistic violence in my own environment, my own home, at a very early age. My feminism is a neighbourhood feminism, which Mikki Kendall would agree with. Or a feminism of everyday life, that daily struggle of resistance.

As for my career, I see it as divided between two worlds. Now, if you like, I consider myself an academic, I am a teacher, I am a very young researcher in the field, not because of my age per se, but because I started very late, perhaps. And with accumulated professional experience that is not academic, in Ecuador and Colombia, where I worked in government sectors and civil society organisations. Today, my main activity is academia, because I am almost finishing my doctoral studies in humanitarian studies through feminist perspectives and approaches. And my study focuses on the context of Colombia. I look at the world from the embodied experience of being a racialised woman from Abya Yala. And so I have had to sustain my identity and knowledge in European academic and professional spaces that are constantly questioning us. As a migrant in the Netherlands, my experience has been mixed; I have had relative privileges. But the truth is that the country does not always have positive conditions for migrants. So I feel that I constantly carry this epistemic violence in my own body, from the need to translate, to explain, to justify that the knowledge of the people I work with in Latin America is valid. 

And why am I talking about decoloniality in this podcast? Because in my daily life, I am committed to anti-colonialism in the spaces I inhabit and the decisions I make. And just to clarify, I am not necessarily an academic in the field of decoloniality.

Carla: Gabriela, tell us about some of the forms of coloniality you have encountered in your journey.

Gabriela: Carla, to answer this question, if you’ll allow me, I would like to propose my analysis of coloniality identified from two spaces that intersect in my life. The first is the European academy where I do my research, where I work. And the second is the humanitarian sector in Colombia, which is the field I research. And these two spheres are not separate; I see them as feeding off and reflecting each other.

So, on the one hand, there is the coloniality of academia. Doing feminist research on feminisms in Colombia in an academic space characterised by hypermasculine, hierarchical, colonial and asymmetrical structures, such as humanitarian studies. I have felt that my approach has been questioned, minimised, relativised in different academic spaces, such as: why are you doing this? What is the need now for feminist research in the humanitarian field? And indeed, being located in the Dutch academy, even though I believe that my institution still allows critical spaces for researchers from the global South, I have perceived a certain systematic distancing from the knowledge and wisdom of our region and the global South.

I believe that academia itself has a model, or is promoting a model, that is not only limited to the European context, but is that of a neoliberal academia in which academic success is now measured quantitatively by the money you are able to bring in, either through grants or the number of scientific publications you must have, and that at any cost.

The academic model, as I see it, is now very extractivist, focused on hyper-individualism and individual benefit, nothing more. The second aspect I mentioned about coloniality identified in humanitarian action as such, which is the field in which I research and in which I worked before entering academia, is that I see that the logic of the global North donors still predominates. This is despite the fact that Colombia is one of the countries with a solid, relatively speaking, institutional framework and has a lot of its own experience in this type of intervention due to, as we all know, prolonged exposure to situations of crisis and armed conflict.

So there is a constant depoliticisation of people affected by crises, and paternalistic practices still exist, for example, projects managed by an international organisation that is still going to teach communities how to care for their children, even though these communities have been practising collective care for generations.

There are also temporary impositions on project cycles. Despite attempts to change this, we continue to see short projects lasting three, six months, and a maximum of one year, which are imposed by the logic of donors from the global North and, in this case, disrupt the community care processes that require long-term commitment and sustainability. So there is this dichotomy of efficiency versus care, the time spent caring.

So, just as I was saying in academia, management, or success if you like, continues to be measured using purely quantitative indicators, rather than understanding how relational and mutual care processes in communities generate other dynamics. I think that, as in academia, neoliberal, patriarchal conceptions predominate, and we all know how care has been commodified and privatised.

And this goes beyond the humanitarian sphere, doesn’t it? Many other colleagues on the podcast, in other academic fields, have already told us how care has become a business, leaving substantial gaps in care for people in communities, as well as in terms of privileges.

So, I see coloniality as structural problems in international cooperation that will not be solved by agreements between the same actors who are making the decisions. Thus, this coloniality that I wanted to share with you is nourished in these two spaces, they nourish each other, an extractivist academia and humanitarian action that still has an extractivist logic, knowledge and solutions come from the North and are applied in the global South.

Carla: And have you developed practices that can propose alternatives to these forms of coloniality?

Gabriela: Carla, this is my favourite question, and I spent a long time thinking about how to best articulate it. So, I want to propose my decolonial practice from the ethics of feminist care, which is what I have been working on lately, thus inviting everyone to once again place care at the centre of everything we do.

So, I’ll start with what the ethics of care is, to refresh our knowledge a little. It is a feminist practice, it is relational and focuses on care as that vital need that all human beings have, as opposed to, for example, these very individualistic models of what is done in the global north or the west. It reminds us of what we have been doing in the global south for generations in relation to collective and reciprocal care.

So the ethics of care is going to be a response to notions of individualism, self-care, and even resilience, omitting that resilience is often understood as that responsibility for care, improvement, overcoming vulnerability, reconstruction in the event of disaster, recovery in the event of humanitarian crises, for example, in the very people who are being affected.

I believe that this completely exempts other actors from their role, so I do think we need to be very careful about how we conceive of resilience. And well, what is not ethics of care? Well, ethics of care is not a moral ethic that instructs us or gives us guidelines on how to behave, on how to make decisions. I would also like to say that I am not suggesting that the ethics of care is the exclusive responsibility of women, as has been the case in capitalist societies, for example, where care has been depoliticised. Rather, the ethics of care refers to more social, more collective, more reciprocal practices.

I believe that, from a decolonial perspective, refocusing care in a political way implies a reconfiguration of the relationships between bodies, between nature and the community, without neglecting nature, of course.

It means rejecting the instrumentalisation and commodification of care, recovering ancestral traditions of reciprocity, solidarity and mutual support. So refocusing care from a decolonial perspective is a political act that would allow us to rebuild social and emotional bonds. Nor is the ethics of care about caring for strangers, as in humanitarian ethics, which is where I work, caring for those who are distant, nor does it imply caring for people during emergencies, as happened during the COVID pandemic, but rather it refers to ordinary care as the basis of our societies. And here, if you’ll allow me a little anecdote, I was able to witness these care practices first-hand during my research in Colombia. In emergency situations, humanitarian crises, conflicts and disasters, the organic response of communities is to take action, to respond to needs that are not being met or are being neglected by institutional actors.

And this does not only apply to humanitarian work, because I see it as very relevant when I also place myself in the academic world, to the practice of care, it also applies to our research work, to our teaching, to what we are doing as a relational fabric that is not extractive.

Concrete examples from my practice in the research academy, if I may, I will give you a couple of important points here, Carla. First, accompanying as care.

And I think that in Spanish we have this beautiful word that sounds different in English, I can never translate it, accompanying in this case is not observing or extracting, it is being there, it is walking alongside. It is a strategy that allows us to make care political as a strategy.

Another concrete example is understanding time as care by building meaningful research relationships that are not harmful to the people we are working with. And for example, very specifically in my research, I have always promoted or promote the creation of spaces for dialogue and relationship building, which are not interviews, are not interrogations, but are genuine encounters.

As a teacher, I also believe in the idea of care in the classroom, creating the classroom as a relational space where we generate and promote teaching environments that are not authoritarian, but rather collaborative, where embodied knowledge is as important as academic knowledge.

In learning communities, too, that encourage collaboration and do not focus solely on individual performance and competition between students. And also, speaking of time, I think it is very difficult to negotiate academic schedules. I know it is very difficult to resist the extractive schedules of academia, which do not allow for care. I know, it’s very difficult, and it’s also very privileged to be able to resist the timetables and feel that I can resist productivity, but I think it’s also worth asking ourselves, producing for whom, at what cost?

So specifically, if you work in academia, I propose questioning extractive schedules and negotiating when you can, obviously. Value relational methodologies, which are also very rigorous. Perhaps cite authors from the global south, not only to give them a voice because this is already clear, but because the work of authors from the global south is fundamental.

And if you work in humanitarian action, listen to community timelines that are not only inscribed in project cycles, recognise that communities already care, then accompany, do not impose. And also question when we can, question indicators that make the relational invisible.

So in this sense, Carla, I believe that what I have shared with you today through positionality, identified coloniality, and decolonial care practices are not separate. They are part of the same struggle, of sustaining knowledge, sustaining bodies and communities, in spaces that want us to be hyper-productive, depoliticised, and individualistic.

Carla: Thank you very much, Gabriela, for talking to us. Anything else you would like to add?

Gabriela: Carla, I still believe in the possibility of building academia and, why not, humanitarian action in a different way. And I don’t think it’s because I’m naive or a naive optimist, but because it’s a political necessity. I believe it is part of refusing to reproduce what harms us, what has been harming us. I also believe that we must recognise that decolonial care practices already exist, are already being practised, and have been practised by communities that resist. So, our job is to accompany, make visible, and defend those spaces.

And to close, I would like to say that from this perspective, care is not what is lacking, but rather what the system, as such, insists on making invisible. Why? Because it is not profitable, because it is not quantifiable and, above all, because it is profoundly transformative.

Carla: Thank you again, Gabriela, for accompanying me on the adventure of this episode. To those listening, I remind you that a lot of material can be found in the podcast description, along with the English translation of the interview. Until the next episode.

You have been listening to Living Decoloniality, practical experiences of decolonial re-existence through international cooperation and humanitarian aid.

This podcast has been recorded with the aim of prioritising the ideas and narratives of the interviewees, making minimal use of technologies and tools that are not widely available. If you liked it, please like and subscribe to the channel on your favourite platform. Living Decoloniality is a podcast by Carla Vitantonio, developed with the support of Acapacá and the Centre for Humanitarian Leadership.

And thanks to the wonderful collaboration of Matilde Dani, the illustration is by Eugenio Nittolo.